lunes, 3 de septiembre de 2012
SI ME RIEGO SERÉ UNA FLOR
¡ME GUSTA QUE LLUEVA!
¡Cómo me gustan los días de lluvia!
Antes no me gustaban demasiado, por que te mojas, todo el mundo tiene prisa y te empuja por la calle. Pero un día que no fui al cole porque tenía paperas (menudo nombre, por cierto), me dediqué a mirar por la ventana.
Estaba lloviendo fuera y desde el tercer piso, donde yo vivo, solo se veían paraguas paseando. Entonces pensé que parecían tejados individuales e improvisados. Era muy divertido porque no paraban de moverse, chocaban a veces entre sí, y eran muy diferentes unos de otros.
En realizad era casi, casi, como ver a la persona que “vive” debajo.
Los más grandotes y puntiagudos, casi siempre grises o muy oscuros, se mueven con paso firme y muy decidido. Casi seguro que ocultan a señores muy serios de traje sin colores y siempre con prisa por llegar a alguna parte.
Los pequeñitos, con colores vivos y bonitos dibujos, siempre esconden a niños y niñas saltando sobre los charcos. Se mueven de un lado a otro como si estuvieran bailando con la lluvia. Esos son mis favoritos.
Luego hay otros algo más pequeños llenos de flores chillonas o de puntitos de colores “pochos”. Esos suelen esconder a las abuelas de los paraguas de colorines pues se suelen mover detrás de ellos casi como en una carrera por alcanzarles.
Luego están los paraguas de colores suaves y muy bonitos, que se mueven con gracia esquivando a todos los demás... estos protegen de la lluvia a las señoras como mi mamá, que siempre lleva uno guardadito en el bolso.
Ahora los días de lluvia voy corriendo a casa para jugar a adivinar quien se oculta tras cada “tejado” en movimiento. Como si debajo de cada uno hubiera una historia diferente que contar, una casita que va calle arriba y calle abajo salpicando gotitas a los demás.


